Josep Trueta I Raspall

January 30, 2017

 

 

HEADINGTON es el vecindario de Oxford en que se ubican los más importantes hospitales de la ciudad, en especial los grandes hospitales universitarios, como el John Radcliffe, que reemplazó a la vieja Radcliffe Infirmary de Woodstock Road, conservada en lo sustancial hasta hace apenas media docena de años, y sañudamente destruida por los administradores de la Universidad de Oxford, que, en un ejercicio de irresponsabilidad y de estupidez ciertamente notable, han hecho desaparecer muchos de los nobles edificios del viejo complejo hospitalario y los han reemplazado por estructuras cúbicas de acero y cristal perpetradas por arquitectos modernos –y ante el horror que la expresión ‘arquitectura moderna’ suscita no es preciso añadir más. Pero regresemos a Headington.

 

 

Tratándose de la vecindad en que los hospitales universitarios de Oxford tienen su asiento, no es extraño que Headington fuera la vecindad en que, desde 1939 y hasta 1968, residió la familia Trueta, dado que el pater familias, el doctor Josep Trueta y Raspall (1897-1977), desempeñó gran parte de su distinguida carrera como médico traumatólogo y ortopeda en Oxford, especialmente durante el período 1949-1966, durante el que fue titular, el tercero en su historia, de la prestigiosísima Cátedra Nuffield de Cirugía Ortopédica de la Universidad de Oxford. Este hecho es suficiente para considerar a Trueta uno de los más grandes nombres de la medicina española del siglo XX.

 

Tal vez alcanzar un estatus de excelencia tan elevado dentro de la profesión médica es algo que al joven Josep Trueta le pasara por la cabeza más de una vez en sus años de estudios médicos en la Universidad de Barcelona (estudios a los que accedió de mala gana y por presión paterna para que continuara la tradición familiar, abandonando su vocación principal como pintor y dibujante que le impulsaba a cursar estudios de Bellas Artes), en los que pasó en Madrid cursando los estudios de doctorado, o en sus años de prácticas y de ejercicio profesional como cirujano en el Hospital General de Cataluña (el actual Hospital de la Santa Creu i Sant Pau) bajo la supervisión del ilustre cirujano valenciano Manuel Corachán. Decidido a especializarse en cirugía traumatológica, desarrolló un método personal, basado en las investigaciones de un cirujano estadounidense, para tratar las lesiones traumatológicas de origen violento, con importante destrozo de extremidades, que reducía drásticamente el peligro de infección y gangrena, y que, por consiguiente, salvó de sufrir amputaciones a un gran número de lesionados. El método en cuestión ha recibido el nombre de método Trueta.

 

 

Josep Trueta (izquierda) y Josep Pla, Oxford, 1953

 

 

Probablemente los pensamientos acerca de lograr un lugar de honor en el desarrollo de la ciencia médica no eran los más importantes en la mente del doctor Josep Trueta al cruzar, a comienzos de 1939, la frontera catalano-francesa, en compañía de varios cientos de miles de refugiados, cuando la caída de Barcelona a manos del ejército sublevado era inminente, las esperanzas de la España leal se desvanecían irreparablemente, y los presentimientos de largos días de violencia, represión y barbarie que angustiaban a muchos no tardarían en verse tristemente confirmados. Al dejar Barcelona y cruzar la frontera Trueta unía su destino al de su mujer y sus tres hijas, que ya llevaban más de dos años fuera de España.

Desgraciadamente, la guerra civil proporcionó a Trueta múltiples oportunidades para llevar a la práctica su método de cirugía traumática. En su puesto de Jefe de Cirugía del Hospital Central de Cataluña, trabajando sin apenas pausa en condiciones precarias y extremas durante los años de la guerra (llegó a perder 20 kilos en esos años), salvó un sinfín de miembros de combatientes republicanos y, sobre todo, de civiles, de la amputación y de la gangrena, y perfiló y pulió sus métodos quirúrgicos, y publicó en 1938 un libro que habría de difundirlos, y que resultó fundamental para el futuro del doctor Trueta y su familia: Tractament actual de les ferides de guerra.

 

Como sucede en algunas ocasiones, la fortuna acude al auxilio de quienes lo merecen por sus méritos y por su valía cuando lo necesitan. Gracias a un periodista inglés que trabajaba para una organización británica de ayuda a los refugiados españoles en el sur de Francia llegó al conocimiento de Miss Josephine D. Collier, doctora británica que asimismo se hallaba en Perpiñán trabajando para dicha organización, que el doctor Trueta se hallaba entre esos refugiados españoles que se hallaban en una situación extrema de abandono y desmoralización en playas, pueblecitos y campos de concentración. La doctora Collier había recibido del Foreign Office orden de localizar al doctor Trueta y de invitarlo a dar unas conferencias en Londres acerca de su experiencia en el tratamiento de heridas de guerra. Era claro que ese tipo de conocimiento, desgraciadamente, iba a ser particularmente valioso en el futuro inmediato de Europa. No sin reticencias, Trueta aceptó, y marchó con su mujer a Londres, dejando atrás a sus hijas. Los Trueta desembarcaron en Dover el 28 de febrero de 1939.

 

Uno de los asistentes a las conferencias de Trueta en Londres fue el profesor Gathorne Robert Girdlestone, catedrático de cirugía ortopédica de la Universidad de Oxford y uno de los más prestigiosos ortopedas del mundo. El profesor Girdlestone acompañaría a Trueta en su visita al entonces Wingfield-Morris Orthopaedic Hospital de Oxford, siempre con la doctora Collier moviendo los hilos entre bambalinas. Los Trueta decidieron establecerse en Londres, con la condición de que sus hijas fueran traídas desde Francia. La familia reunida empezó una nueva vida en una pensión sita en el 63 de Eton Avenue. Allí fue donde Meli, la hija mayor de los Trueta, a sus 14 años, tradujo del catalán al inglés el libro de su padre: Treatment of war wounds and fractures: with special reference to the closed method as used in the war in Spain, que fue publicado en septiembre de 1939 por la editorial Hamish Hamilton. Sin duda, un elemento crucial para la difusión del método Trueta.

 

El interés del profesor Girdlestone por Trueta y su método era máximo. Era prácticamente imposible que Trueta, después de todo un refugiado de guerra, pudiera ejercer su profesión en el Reino Unido, o vincularse a la Universidad de Oxford. Recurrió por ello Girdlestone a Lord Nuffield, el magnate automovilístico y benefactor de la medicina en Oxford, en busca de ayuda. Lord Nuffield decidió otorgar a Trueta una beca de seis meses para cubrir sus necesidades materiales y las de su familia. Esto solucionaba parte del problema, pero faltaba que Trueta resultara habilitado para el ejercicio de la medicina, o de la docencia médica, en Oxford. Ello lo logró Girdlestone proponiendo a Malcolm McDonald, ministro de Sanidad del gobierno británico, que nombrara a Trueta consejero de guerra suyo. Este subterfugio –parece ajustada la calificación que le otorga al hecho Antonina Rodrigo, biógrafa de Trueta, a quien sigo de cerca[1]- permitió que los Trueta se asentaran en Oxford. Poco se figurarían que su estancia en esa ciudad iba a prolongarse por casi 30 años.

 

Trueta es investido doctor Honoris Causa por el Canciller, Oxford, 1943

 

 

La carrera de Trueta en Oxford fue ciertamente anómala. Queda ya dicho el subterfugio con que se vinculó al Wingfield-Morris. Anómalo también es el hecho de que Trueta recibiera un doctorado honoris causa por la Universidad de Oxford en 1943, y que con posterioridad a esto, en 1949, fuera nombrado titular de la cátedra Nuffield de cirugía ortopédica en dicha universidad, aquella cuyo primer ocupante fue el profesor Girdlestone. Entre estas fechas, antes y después de ella, y al hilo de la tormenta de fuego, acero y pólvora que desgarraba Europa, el doctor Trueta pasó interminables horas de quirófano, operando a civiles y soldados heridos de gravedad. Las contiendas del medio siglo seguían, por desgracia, ofreciendo ocasión cumplida para que Trueta demostrara su talento. Un día, cuando los heridos en el desembarco de Normandía llegaban al Wingfield-Morris evacuados a través de la base de la RAF de Brize Norton, Trueta operó durante 36 horas seguidas.

 

Al comienzo de sus años en Oxford, cuando habitaban en Greycott, su primera casa en Headington, Josep Trueta desarrolló una estrecha y larga amistad con Salvador de Madariaga, también residente en Headington. Los domingos (hábito que mantuvieron durante nada menos que 25 años) daban largos paseos por los alrededores de Oxford, paseos punteados por largas conversaciones en que los problemas de España, entonces agudos y profundos si alguna vez lo fueron, ocupaban un lugar central. Chocaban, amistosa y civilizadamente, en lo tocante a la cuestión catalana, ya que Madariaga, internacionalista militante, seguramente no compartía en absoluto el catalanismo militante de Trueta.

 

Trueta se jubiló de su cátedra, ejercida con brillantez, en septiembre de 1965. Múltiples iniciativas en los medios de comunicación británicos se pusieron en marcha con la intención de lograr que Trueta no se marchará del Reino Unido, y continuara brindando su talento a la medicina británica. Sus vehementes deseos de regresar a su tierra catalana lo impidieron. A partir de su jubilación la vida de Trueta se repartiría entre Barcelona y su casa en Santa Cristina d’Aro, en el Bajo Ampurdán. En 1975, el 8 de octubre, falleció Amelia, su mujer, compañera de 55 años; el 19 de enero de 1977, apenas 15 meses después, falleció en Barcelona el doctor Trueta, indiscutiblemente una de las más importantes, distinguidas y duraderas presencias españolas en Oxford. El hospital universitario de Gerona lleva, desde 1990, su nombre.

 

 

Dr. Juan Carlos Conde

 

 

 

 

[1] Antonina Rodrigo, Doctor Trueta. Héroe anónimo de dos guerras (Barcelona: Plaza y Janés, 1977), p. 92. Cito por el ejemplar de esta primera edición de la obra que se halla en la Bodleian Library, signatura 24366 e.977, dedicado por la autora a Robert Pring-Mill, “que ayudó y asistió al nacimiento de esta obra”, con fecha 12/3/1978.

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