Federico Mayor Zaragoza


FEDERICO MAYOR ZARAGOZA tiene los ojos azules y viste de traje gris. Me recibe una mañana lluviosa de octubre en la biblioteca de la Fundación Cultura de Paz, institución que preside y a la que dedica hoy todo su esfuerzo. Es el último proyecto de uno de los españoles con mayor proyección internacional de nuestro siglo XX, un catalán de familia humilde que llegó a ser Ministro, diputado del Parlamento Europeo y director general de la Unesco entre 1987 y 1999.

Federico es un hombre inteligente, afectuoso y sencillo. Un humanista de otra época, autor de tratados científicos, ensayos sobre derechos humanos y media docena de poemarios. Hablamos de política, de educación y de su paso por la Universidad de Oxford.

“En 1966 –me cuenta– obtuve una beca del British Council. Hice las maletas y me mudé con mi mujer y tres hijos para trabajar en el laboratorio que el Premio Nobel de Química Hans Adolf Krebs tenía en Oxford.” Allí pasó dos años, estudiando el metabolismo de los aminoácidos y la patología perinatal como visiting professor y senior fellow de Trinity College. “Fue un periodo inolvidable”, dice con una sonrisa nostálgica. “En Oxford aprendí el valor de la investigación y de la verdadera autonomía universitaria (…) El sub-director del equipo era un bioquímico brillante que ni siquiera tenía una licenciatura. Estaba allí por lo que sabía y por lo que aportaba a la ciencia. El Profesor Krebs solía decir: investigar es ver lo que otros ven y pensar lo que nadie ha pensado”.

“Mi vida en Oxford era muy agradable. Pasaba los días en el laboratorio. Por las tardes, daba largos paseos por las calles y jardines de la ciudad. Los miércoles, iba a high table. Por aquel entonces aún no había mujeres en el college, pero ese día se nos permitía llevar una acompañante. Tenía una cola de amigas esperando a que las invitase.” (Ríe). Buena parte de su mirada internacionalista y vocación de servicio se desarrolló en aquel periodo. “Estar fuera voluntariamente es una maravilla. Es una experiencia esencial porque te lleva a entender algo importantísimo: que todos los seres humanos somos iguales en derechos y en dignidad.”

En 1968, Mayor Zaragoza regresó a su cátedra de Granada y empezó a poner en práctica todo lo que había aprendido sobre la prevención de enfermedades raras. “Al llegar a Oxford descubrí que el emblema del Condado era Sapere aude. Al regresar, comprendí que atreverse a saber debe ir acompañado de saber atreverse”. En 1973 se instaló en Madrid, puso en marcha el Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad Infantil y fundó el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. Ahí comenzó también su carrera política, primero en el gobierno de Adolfo Suárez, desempeñando un destacado papel en la Transición a la democracia, y después en las Naciones Unidas, la Unesco y la Alianza de Civilizaciones.

Le pido alguna cita para cerrar el texto. “Ponga algo que le oí decir a Rigoberta Menchu, hace mucho tiempo: Perdona amanecer por no haberte recibido como mereces”.

Dr. Diego Rubio


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