Luis Cernuda

June 11, 2017

 

LUIS CERNUDA (Sevilla, 1902 – Ciudad de Méjico, 1963), fue un poeta español, miembro de la llamada “Generación del 27”. En 1938 viajó a Inglaterra para dar conferencias sobre la guerra civil española en las universidades de Oxford y Cambridge. Su gira se prolongó durante más de tres meses y, al final, la falta de dinero y las preocupantes noticias sobre la situación del gobierno republicano le convencieron para quedarse allí. Ya nunca regresaría a España.

 

Cernuda residió en Reino Unido desde 1938 hasta 1947. Durante los primeros años de su estancia, Cernuda ejerció de tutor de niños vascos refugiados en Oxfordshire. Posteriormente trabajó como lector de español en las universidades de Glasgow (1939-1943), Cambridge (1943-1945) y en el Instituto de Londres.[1] Además, durante estos años, Cernuda pasó numerosos veranos en la ciudad de Oxford en compañía del pintor Gregorio Prieto.

 

Al tiempo que daba clases, Cernuda fue cultivando su obra poética. Durante su estancia en Inglaterra terminó el libro de poemas Las nubes y escribió el libro de poemas en prosa Ocnos, publicado en 1942. Sin embargo, la primera edición de este último no recoge las experiencias de su vida en Inglaterra. Éstas no aparecieron hasta la segunda edición de Ocnos, publicada en 1949, probablemente porque Cernuda ‘necesitaba objetivar el recuerdo y la emoción por la distancia de los años’.[2]

 

El exilio tuvo una influencia muy importante en la obra poética de Cernuda.[3] Para Cernuda, el clima, el paisaje, y la cultura británicos eran elementos catalizadores de la nostalgia; la evidencia de la tierra que había dejado atrás. Dice Cernuda en su poema en prosa “La primavera”:

 

Al acercarte luego, hallas que el viejo tiene a sus pies manojos de flores tempranas, asfódelos, jacintos, tulipanes, de vívidos colores increíbles en esta atmósfera aterida. Casi da pena verlas así, expuestas en marcado norteño, como si ellas también sintieran su hermosura indefensa ante la hostilidad sombría del ambiente.

Pero la primavera está ahí, loca y generosa. Llama a tus sentidos, y a través de ellos a tu corazón, adonde entra templando tu sangre e iluminando tu mente; quienes a la invocación mágica, a pesar del frío, lo sórdido, la carencia de luz, no pueden contener el júbilo vernal que estas flores, como presa suya, te han traído e infundido en tu miedo, tu desesperanza y tu apatía.[4]

 

Oxford fue una de las muchas paradas de la vida en el exilio de Luis Cernuda; quizá, de las pocas que recordase con cariño de su etapa en Reino Unido. Tanto en Oxford como en Cambridge, Cernuda encontró un espacio en el que refugiarse de la “sombra nórdica”. El ambiente particular de los colleges le cautivó.[5] En su poema en prosa “Río”, Cernuda plasmó su fascinación por la vitalidad de los remeros universitarios en un pasaje que recuerda a los versos de Francisco Brines:

 

Pero el agua está aquí, al pie de los árboles, toda de verde apacible gemelo al de las hojas, en el río, por donde a lo lejos avanza una flota de cisnes isleños; y más ligera, más deslizadamente que las aves mismas, unos esquifes delgados y agudos como flecha, movidos por el joven remero ¿o arquero? Desnudo, generando con ritmo ágil su propia exhalación acuática.

El verles huir así solicita al deseo doblemente, porque a tu admiración de la juventud ajena se une hoy tu nostalgia de la propia, ya ida, tirando dolida de ti desde las criaturas que ahora la poseen. El amor escapa hacia la corriente verde, hostigado por el deseo imposible de poseer otra vez, con el ser y por el ser deseado, el tiempo de aquella juventud sonriente y codiciable, que llevan consigo, como si fuera eternamente, los remeros primaverales.

 

Según Barnette, ‘A causa de su alma poética y de su añoranza por otra sociedad que no era la que le tocó vivir, Cernuda no se sentía a gusto en ninguna parte del mundo.’[6] Tras su estancia en Inglaterra, Cernuda viajó a Estados Unidos y a Méjico, donde trabajó como profesor e investigador universitario; pero tampoco encontró allí, en América, el antídoto contra la añoranza de la tierra perdida. Desde que se descubriese en Londres “arrastrando la losa de su tumba”,[7] Cernuda no dejó de evocar su patria desde el único hogar que conoció: la poesía.

 

 

 

Javier Solana

 

 

 

 

 

[1] Véase Luis Cernuda, Ocnos, Ed. Seix Barral 1977, pp. 13-14.

 

[2] Ibid., p. 14.

 

[3] Para un análisis más detallado del papel del exilio en la obra de Cernuda, véase, por ejemplo, Douglas Barnette, “El exilio en la poesía de Luis Cernuda”, Ed. Esquío, 1984.

 

[4] Luis Cernuda, Op. cit., p. 142.

 

[5] Ibid., pp. 13-14.

 

[6] Douglas Barnette, Op. Cit., p. 30.

 

[7] Véase el poema “Impresión de destierro”, incluido en Las nubes, obra que recoge varios de los poemas escritos por Cernuda entre 1937 y 1940.

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